Curiosidades

Las muertes más tontas de la historia

Isabela Duncan, una bailarina al subir a su coche olvidó sujetar una bufanda y al enredarse con una llanta terminó ahorcada

Nadie puede saber cómo va a morir, a menos que se hable de un suicidio, en la historia hay personajes que fallecieron en muy raras condiciones que hasta pueden considerarse "muertes tontas".

El sitio Planeta Curioso así las llama y recopila algunas de ellas, como la de Isadora Duncan, una bailarina que al subir a su coche olvidó sujetar una bufanda y al enredarse con una llanta terminó ahorcada.

Allan Pinkerton, pionero en el negocio de las agencias de detectives, resbaló mientras caminaba, no murió del golpe, más bien fue la gangrena que lo invadió después de morder su lengua fuertemente tras haber caído.

Arnold Bennett murió porque mientras se difundía que el agua de París estaba contaminada por tifus, Bennet juzgó de incultos a todos y decidió demostrarles que estaban equivocados. A los pocos días murió de tifus.

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Con información de Planeta Curioso

 

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